NORMALIZANDO LO ANÓMALO

Llevo unos meses sin escribir y lo cierto es que me he puesto a ello varias veces, ahí han quedado los borradores, pero me ha saturado el cúmulo de injusticias que se publican todos los días, y lo que me ha desbordado sobre todo es la indiferencia de la mayoría. Al final opté por quedarme mis reflexiones para mí y no compartir.

Hemos llegado a un punto, además a nivel global, donde los valores humanos como la solidaridad, el respeto, la empatía, la igualdad…, esos que también predican, practiquen o no, desde las religiones, se están esfumando por la desidia de la sociedad en general mientras los poderes aprovechan para criminalizarlos y aplicar la injusticia reinante sobre quienes los promueven o practiquen. ¿Cuántos derechos y libertades se han convertido en delito?

Triunfa la corrupción y se instaura. Se vota a corruptos que legislan y que dejan en la indefensión a quiénes denuncian o se niegan a ser partícipes de estas prácticas. También se apoya la corrupción a otros niveles pues los corruptibles suelen obtener su premio por ello y en lugar de ser excluidos o relegados son envidiados y loados a ver si con suerte sueltan alguna “migaja” y a alguien más le “toca” algo. ¿Cuántas veces se está del lado del acosador laboral, o sexual o escolar? La mayoría opta por normalizar lo que no debería tener cabida en esta sociedad para evitarse problemas. Las víctimas quedan en la más absoluta soledad. La cobardía, el egoísmo, la indiferencia, convierte en cómplices.

La nueva ministra de Sanidad anunció una medida sobre el “copago” o “repago” farmacéutico que dado que ha creado revuelo mediático ahora parece que no tiene claro esta señora si se aplicará ni cómo. A simple vista no parece que la mensualidad de jubilados enfermos de un importe algo menor de nueve euros sea una cantidad excesiva. Todo cambia si tenemos en cuenta qué pensiones cobran nuestros mayores, ya que hay personas para las que cada euro o fracción es vital y de ello depende poder alimentarse o utilizar recursos energéticos u otras necesidades básicas. Este gobierno acabó con la gratuidad de los medicamentos y aplicó un tanto por ciento a abonar según la renta. Pero a la vez más de 400 medicamentos quedaron excluidos de la financiación pública, de modo que hay que pagar el 100% del producto. Quienes menos recursos tienen  se encuentran por tanto con el “copago” y con el pago de aquello que necesitan y está fuera del sistema. Una canallada. En mi entorno hablando de este tema me he encontrado con personas, que trabajan, que no tienen un sueldo miserable y que no han podido comprar medicamentos que les han recetado por el importe. Por eso me indigno al pensar cuántas personas no están pudiendo acceder a medicinas que necesitan y cuántas estarán muriendo sin que nos enteremos. Veía estos días en televisión alguna entrevista a ciudadanos y ciudadanas por la calle, me irritaba que hablaran de qué debían pagar unos u otros y ya nadie recordase que antes de este gobierno no había que pagar. Hemos normalizado el abono, no nos planteamos si es justo o no, se nos olvida que sí hay para rescatar bancos, autopistas o negocios como el Cástor. ¿Nos da todo igual? ¿Nos dan igual los demás? Es increíble la facilidad con la que olvidamos, nos adaptamos a circunstancias adversas o mientras no sea uno mismo el afectado poco importa cómo estén los demás.

En estos días está en los medios el asunto del “accidente” del Yak-42. Se habla de los indultados pero poco, como del dinero público que ha desaparecido. Que los responsables hayan sido premiados, mimados por los gobiernos del PP no parece que les vaya a pasar factura en las urnas ya que todo es aceptable socialmente. ¿Recordamos esas mismas actitudes de desprecio a las víctimas de los “accidentes” del Alvia o del metro de Valencia o las reclamaciones de los afectados por talidomina, o los familiares de asesinados, torturados, expoliados por la dictadura franquista? ¿Seguro que recordamos? Pues a la mayoría se les olvida o simplemente ni les interesa.

Refugiados abandonados a los que dejamos morir entre fronteras mientras les bombardeamos o lo hacen nuestros aliados, incluidos hospitales y demás objetivos con población civil, sin minutos de silencio ni condenas. Muertes por accidentes evitables que son fruto de la corrupción o la incompetencia. Fallecidos por falta de medicación o tratamiento. Suicidios por motivos económicos que se achacan a la crisis, crisis que no es sino otro modo de hacer negocio donde unos se hacen más ricos y otros lo pierden todo. Trabajadores y trabajadoras a quienes tener un empleo no exime de vivir en la pobreza e incluso en la indigencia. Desmantelamiento de servicios sociales que el Estado populista pone en mano de beneficencia, de la caridad y del trabajo de voluntarios, desentendiéndose así de su responsabilidad.

No sigamos normalizando lo anómalo. Ahora puede que estés en una situación que consideres favorable o de ventaja para cómo está el panorama general, pero quizá mañana en otra reforma, en otro recorte, en otra medida de esas que ejecutan mientras lo  niegan te tocará a ti y seguramente habrá una mayoría a la que le interese más el consumismo y el ocio basura que tus circunstancias. Reflexiona aunque sea por egoísmo. Y recuerda, si enfermas gravemente tu patrón te podrá despedir gracias a la reforma laboral que aprobaron los más votados.

OTRO MUNDO ES POSIBLE SI NOS PONEMOS A ELLO. LO ANÓMALO NO ES LO NORMAL. QUE NO TE LO HAGAN CREER. REFLEXIONA, PIENSA, ALIMENTA TU ESPÍRITU CRÍTICO, NO TE TRAGUES LO QUE TE CUENTAN.

 

 

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