NUNCA ES TARDE PARA APRENDER

Hace unos días publiqué este texto en un tuit: “Si se ha “tragado” con la reforma laboral, con el recorte en Sanidad, Educación, Servicios Sociales, Dependencia, corrupción, se ha sido indiferente con desahucios, estafas y saqueos legales… ¿Alguien duda que sumisamente “tragaremos” con el ROBO de nuestras pensiones”

Me equivoqué. Nuestros y nuestras mayores nos han dado un ejemplo de DIGNIDAD. Son personas que han nacido y se han criado bajo el yugo de la dictadura. Que saben lo que ha costado conseguir derechos laborales, sociales… porque o lo han peleado o lo han hecho sus progenitores. Debería darnos VERGÜENZA no haber sido capaces de defender su legado y no haber  luchado participando masivamente en las movilizaciones que desde que Rajoy llegó a la Moncloa se han ido desarrollando contra las políticas de este gobierno y sus cómplices y castigando en las urnas a los culpables de tanto atropello. Deberíamos aprender de su SOLIDARIDAD porque ayer no defendían en las calles solo su pensión sino el derecho a que el resto sigamos teniendo opción a ella y su cuantía sea digna.

“Si no me han dado miedo los “grises” menos miedo me van a dar estos” Decía una de las participantes. Se “encoge el alma” de pensar cuántos y cuántas de los que ayer llenaron ciudades de protesta social habrán pagado en sus cuerpos o los de sus seres cercanos con cárcel, porrazos y torturas de todo tipo el que se dignificaran las condiciones laborales o que las mujeres pudiesen acceder a oficios vetados hasta entonces para ellas. Guardo en mi retina la imagen en televisión de las primeras mujeres mineras a las que los hombres increpaban, insultaban y acusaban de robarles el empleo como si tener trabajo remunerado fuese exclusiva masculina.

Todo lo que tenemos, lo que nos queda más bien, ha sido gracias a quienes nos precedieron, y aunque aún hoy en día se siguen cometiendo tropelías y abusos, los que había en sus tiempos necesitaban de valor, convicción, conciencia social para encarar  y enfrentarse a la dictadura y sus impunes verdugos.

Nuestros mayores son mejor que la mayoría del resto de esta sociedad. No abandonaban a sus ancianos como ocurre ahora. Es una vergüenza social que no dejen de encontrarse cadáveres de personas de la “tercera edad” muchas veces dependientes sin que ni familiares ni servicios sociales se hayan percatado.

Me preocupa cómo se va asimilando cualquier recorte de derechos y libertades, unas veces con la excusa de la seguridad, otras veces por la desidia, otras por la falta de interés más allá de lo inmediato o el consumismo. Se normaliza lo que no hubiésemos consentido en el siglo pasado. El problema no es quién o qué se hace para mí la verdadera alarma es quienes lo consienten que suele ser la mayoría.

En la última convocatoria del 22M había más asistentes de cuarenta años para arriba que gente joven. Llamaron mi atención dos señoras que parecían tener noventa años con sus cabellos blancos, sus cuerpos encorvados, cogidas del brazo, con una insignia casera de cartulina en sus solapas donde se leía PCE. En las manifestaciones a las que he asistido la edad de quienes allí estábamos era alta, no digo que no hubiese jóvenes, los había, bajo pancartas de  movimientos sociales y partidos o formaciones políticas  de izquierdas. Quizá la culpa de la apatía juvenil no sea solo culpa de ellos y ellas sino de la sociedad en general y las familias en particular. Yo vengo de una generación en la que también hubo crisis económica, en la que mucha juventud sucumbió a las drogas, la heroína causó estragos en capitales, poblaciones y barrios, vengo de una generación en la que nuestras familias no nos tenían sobreprotegidos, donde no había un consumismo dopante porque llegar a fin de mes en muchas casas era ardua tarea también. Si te enseñan a luchar para lograr metas te haces luchador, si te enseñan solidaridad eres solidario, si te enseñan a empatizar eres empático, si te enseñan a respetar a los demás aunque no piensen igual eres respetuoso.

Nadie le enseña a la juventud lo que ha costado conseguir lo que tenemos, lo que teníamos hasta que la rancia y casposa derecha nos lo ha arrebatado en nuestras narices sin encontrarse casi resistencia. Pueden multar, aporrear y arrestar a unos pocos pero nunca lo podrían hacer si hay una mayoría. Nuestros y nuestras mayores consiguieron ayer traspasar las vallas que separan a los que están en el Congreso de quienes con su voto les han puesto allí se supone para estar a su servicio no para servirse de la ciudadanía. Ole por jubilados y pensionistas, ole por dar una lección al resto de la ciudadanía.

Tenemos la oportunidad de seguir su ejemplo. Nunca es tarde para aprender. Una sociedad que no escucha a sus mayores es una sociedad con carencias porque la vida es la mejor escuela, la mejor universidad, la mejor experiencia.

Antes eran los universitarios los que comenzaban las protestas y revueltas y, o las clases trabajadoras, parece que si hoy en día queremos conseguir alguna meta social, ¡qué más digno que las pensiones, que además están salvando a familias sumidas en el desempleo, la precariedad laboral y la pobreza!, vamos a tener que ser los que dejamos tiempo atrás la juventud. Muchos de quienes ayer fueron una marea de dignidad son los y las mismas que se enfrentaron a la dictadura y a las injusticias sociales en su lozanía.

Pensiones, ley mordaza, libertad de expresión, desahucios, exclusión, medicamentos y sanidad al alcance de todos, educación pública y de calidad, empleo digno…. Mucho por hacer, mucho por recuperar, seamos humildes:

APRENDAMOS DE NUESTROS Y NUESTRAS MAYORES.

 

 

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