EL PP TIENE RAZÓN

No pensé que algún día como hago hoy pudiera dar la razón a algunas voces del PP. El motivo es el argumento que han repetido en esta y la anterior  legislatura sobre que el problema de la corrupción es estructural y está en todos los estratos sociales, pues sí, este reino rinde pleitesía al caciquismo y la corrupción, a los caciques y a los corruptos.

Soy de la opinión de que la solución a nuestros problemas, los de la ciudadanía no emanarán de las urnas, lo que las urnas deciden es a quienes hay que exigir que cumplan lo que han prometido en sus programas que se supone es lo que lleva a depositar la confianza en sus candidaturas. El problema es que nos hemos acostumbrado, no sé si por reminiscencias de la dictadura, a callar y consentir, a tolerar y no ser críticos, a dedicar tiempo y esfuerzo a lo banal y no a lo vital, a mirar a otro lado ante las injusticias.

Hemos normalizado el caciquismo y la corrupción en el entorno laboral, institucional, social. Quien “te roba el pan” ofrece después migajas y nos “matamos” unos a otros por conseguirlas, convirtiendo al de al lado en el responsable de nuestras desgracias sin enfocar el verdadero origen y los verdaderos culpables. Introducimos en la misma frase los términos “cacique bueno” como si no fuese una incongruencia. En una situación como la actual donde un empleo por precario que sea es la única opción a la que aspirar, los patronos, los sindicatos y los partidos consiguen fieles que les legitimen y apoyen con tal de recibir algo por miserable que sea.

Se puede comprobar fácilmente que cuando se está en contra y se combate la corrupción y el clientelismo quien lo intenta o lo lleva adelante acaba aislado ante la inmensa mayoría de lacayos del fango, sobornables egoístas que solo así pueden conseguir lo que quieren sin estar a la altura. En este reino de injusticia aquellas personas valientes que han dado un paso al frente y han denunciado la corrupción que les rodeaba sufren las consecuencias: desempleo, ceses, ruina económica, ataques a su honor, calumnias, presiones psicológicas, amenazas, agresiones… La opción para la mayoría insolidaria y cobarde es dejar sola a la persona honesta, a la persona digna, aislar y relacionarse lo menos posible con ella no sea que les “salpique”. Esto es válido para el entorno laboral, el escolar, organizaciones sociales y sindicales, partidos, se apoya a los incapaces, a los que necesitan hacer daño para sentirse importantes, se apoya a los que de cualquier vil forma se “quitan de en medio” a quienes por capacidad les pueden hacer sombra, se elige la opción de apoyar “al fuerte” cometa la tropelía que cometa aún a riesgo de ser futura víctima.

Dado que crecemos con una escala de valores en la que  que prima la competitividad aceptando las trampas o acciones sin ética, moral o escrúpulos, esgrimiendo “que el fin justifica los medios”, donde no se fomenta la cooperación ni la empatía, donde se utiliza cualquier argumento para señalar a individuos y excluirles por su color, origen, orientación sexual, nivel de inteligencia, grado de profesionalidad, religión, situación económica o la de su entorno cercano, sexo, ideología política.., es lógico que la consecuencia sea una sociedad como la nuestra, donde se asume y acepta la dedocracia, el amiguismo, el enchufismo, el vasallaje, donde llegan a los puestos de  poder en todos los sectores los peores, donde se consiente y se toleran acciones y ejecuciones lejanas a cualquier vestigio de justicia, igualdad, donde se relega el mérito y la capacidad.

Muchas personas reconocen y cuando no lo hacen con el tiempo se ve que  se afilian a un partido o sindicato por intereses personales egoístas, en muchas ocasiones para poder optar a un puesto de trabajo aunque sea temporal y precario, bien en las concesionarias de servicios privatizados, en empresas privadas, en empleos públicos, en la  promoción si hay opciones de mejora. Vi el caso de un imputado de corrupción en Marbella que creó un partido nuevo en Córdoba y salió elegido, los vecinos ahora afiliados a la organización exhibían orgullosos su carnet, y alababan al corrupto porque les había cambiado la bañera por un plato de ducha aprovechando que se trataba de una zona con problemas económicos debido al elevado índice de desempleo. Le llamarán cacique bueno y no les importará que vuelva a robar  o mal gestionar  las arcas públicas por un miserable plato de ducha. Este ejemplo resume lo que pasa. En Galicia el presidente del gobierno en funciones se ha estado paseando con un compañero denunciado por acoso sexual, sale elegido por mayoría un candidato que aparece en fotos con un importante narcotraficante, las urnas no han castigado los casos de corrupción locales. Si ha ganado el PP será que son los mejores, que los gallegos y gallegas respaldan sus políticas educativas, sanitarias, de vivienda, de transporte, de inversión en  infraestructuras, de servicios sociales, etc. Esto va más allá de la política se corea y aplaude a delincuentes ya sea por delitos económicos o hasta por homicidio simplemente porque son famosos, increíble y humillante.

La mayoría acorde a los valores que nos ha inculcado el modelo capitalista apoya no a quien le parece mejor y más capacitado, no a quien está siendo víctima de acoso escolar, laboral o sexual, sino a quien le consiga mejoras personales o a su entorno. Se seguirá votando a políticos aunque su política se esmere solo en su propio beneficio o el de su entorno y vaya en contra del interés o necesidades de la mayoría, se seguirá votando a sindicalistas aunque su sindicalismo sea solo en propio beneficio o  el de su entorno y actúen en contra de los intereses, necesidades, derechos de la mayoría, se seguirá apoyando al jefe o al compañero que consiga beneficios para sus acólitos aunque sus actos sean  deplorables, desastrosos, lesivos para otros, detestables, injustos…

Ni a los partidos políticos les preocupa la ciudadanía ni priorizan solucionar nuestros problemas, ni a los sindicatos les preocupan los trabajadores ni priorizan luchar por el bien común en el ámbito laboral.

Mientras los sindicatos se mantengan económicamente a base de subvenciones tanto de las administraciones de su sector de actuación, de los presupuestos generales del Estado, de los patronos, su clientelismo no desaparecerá relegando la defensa de los trabajadores. Nunca he entendido que este tipo de ayudas también se destine a las patronales. Tampoco los partidos deberían depender financieramente de estas partidas. La única forma de cambiar el modelo y que comience a funcionar es con autofinanciación para tener  independencia real y solo se consigue cuando no se es vasallo de los poderes establecidos. Mientras a la cúpula judicial y de los cuerpos de seguridad se les nombre por afinidad política no habrá ni Justicia ni Seguridad ni independencia de poderes.

Ante la mayoría lacaya hay una minoría rebelde que muchas veces, aunque solo pocas, obtiene difusión de sus actos, actitudes, que hace que creas de nuevo en el ser humano. Cada cual que se sitúe donde crea conveniente, con la mayoría, con la minoría o con las hordas que toleran y son indiferentes ante lo que ocurra.

“SÉ TÚ EL CAMBIO QUE QUIERES VER EN EL MUNDO” (Gandhi)

 

2 comentarios en “EL PP TIENE RAZÓN

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